Fundamento de la acción apóstolica

Importancia de la Acción y las Obras de caridad

¿Porque ponemos la acción y las obras de caridad como fundamento de nuestro movimiento?

Nos dice Pedro en su primera carta: “Sobre todo, ámense profundamente los unos a los otros, porque el amor cubre todos los pecados. Practiquen la hospitalidad, sin quejarse. Pongan al servicio de los demás los dones que han recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.”

También nos dice Santiago: “Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta. Sin embargo, alguien puede objetar: «Uno tiene la fe y otro, las obras». A ese habría que responderle: «Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe”. (Santiago 2, 17-18)

La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios. (Cat. 1822).

«Dios es caridad, y el que permanece en la caridad permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4, 16). Y Dios difundió su caridad en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que se nos ha dado (cf. Rm 5, 5)

En esta virtud se encuentran la esencia y el núcleo del cristianismo, es el centro de la predicación de Cristo y es el mandato más importante. No se puede vivir la moral cristiana haciendo a un lado a la caridad. “Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado.” (Jn 15; 12).

Es la virtud por excelencia porque su objeto es el mismo Dios y el motivo del amor al prójimo es el mismo amor a Dios. El amor al prójimo es parte de la virtud de la caridad que nos hace buscar el bien de los demás por amor a Dios.

La Caridad es la única virtud teologal que permanecerá siempre con nosotros, aún en el cielo, recién viendo a Dios cara a cara alcanzará su plenitud.

La caridad es poseer en nosotros el amor de Dios. Es amar como Dios ama, con su intensidad y con sus características.

Santo Tomas nos dice que Cristo nos dio una ley abreviada, que puede ser conocida por todos y de cuya observancia nadie se pueda excusar por ignorancia. Esta es la ley de la caridad y de la gracia. Debemos saber que esta ley de la caridad debe ser la regla de todos los actos humanos, por lo tanto, para que los actos humanos sean buenos es menester que concuerden con esta ley de la caridad.

Como hemos dicho la oración y la formación o el estudio aumentan nuestro amor a Dios. Este amor a Dios, si es verdadero, se traduce en la práctica en amor al prójimo a través de acciones u obras de caridad y misericordia.

Estas obras como dice San Pedro no solo cubren multitud de pecados, sino que dan sentido y fundamento a nuestra fe y nos generan los méritos para alcanzar la felicidad eterna.

En este punto debemos aclarar que las obras de caridad generan los méritos siempre y cuando nos encontremos en estado de gracia y de esto hablaremos constantemente.

¿Por qué las obras son meritorias solo si estamos en gracia? Porque el estado de gracia es la vida del alma, cuando pecamos gravemente se rompe el vínculo vital con Dios y el alma comienza a morir por eso Jesucristo diría:

” Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. (Jn 15, 1-6).

El pecado mortal se llama así porque es la muerte del alma, en el sacramento de la reconciliación Dios misericordioso nos resucita, resucita nuestra alma y se reestablece ese vínculo vital para que el sarmiento unido otra vez a la vid vuelva a dar frutos. Los frutos son las obras de caridad, por eso, aunque nuestras obras sean buenas sin el estado de gracia no tienen méritos y por lo tanto no son obras de caridad.

Los actos de caridad, aunque en la práctica se realizan al prójimo deben ir dirigidos a Dios. Muchas veces por no tener en cuenta el carácter esencialmente teológico (sobrenatural), se llama caridad a lo que no es, como por ejemplo al amor natural, la filantropía o la mera beneficencia natural.

La caridad debe ser universal, es decir, se debe practicar tanto con creyentes como como no creyentes o personas de otras religiones, justas e injustas, amigo y enemigos y con toda la creación, por el simple motivo de que todos somos creaturas de Dios y todo es creación de Dios.

Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? (Mt 5. 44-46). Un ejemplo de esto es la parábola del buen samaritano. (Lc 10, 30-37)

San Gregorio Magno nos dice: Mas ninguno, por el mero hecho de amar a su prójimo, piense ya tener caridad, sino que primero debe examinar la fuerza misma de su amor. Pues si alguno ama a los demás, pero no los ama por Dios, no tiene caridad, aunque piense que la tiene. Es caridad verdadera cuando se ama al amigo en Dios y al enemigo en Dios.

En conclusión, practicaremos la oración y nos formaremos en la fe católica para aumentar nuestro amor a Dios y por este amor a Dios nos encontraremos realizando obras de caridad en el prójimo que nos harán meritorios de la vida eterna la cual anhelamos y para la que fuimos creados por Dios.

Entonces ponemos la acción y las obras de caridad como fundamento de nuestro movimiento:

  • Porque es un mandato divino, “amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”.
  • Porque las obras de caridad cubren multitud de pecados y nos genera los méritos para merecer la vida eterna.
  • Porque no se puede vivir la moral cristiana sin caridad.

Además de la oración, la formación y la caridad también son fundamentos de nuestro movimiento: La vida en gracia – Los Sacramentos como auxilio para la vida en gracia – La celebración de la Santa Misa – La adoración eucarística.

Comentarios cerrados.