Fundamento de la formación en la fe católica

Importancia de la Formación en la fe católica

¿Porque ponemos la formación y el estudio de la fe católica como fundamento de nuestro movimiento?

¿Cómo amaríamos aquello que no conocemos? Amor y conocimiento van de la mano y crecen juntos. El verdadero amor a Dios arrastra por su naturaleza misma a conocer más de Dios y conociéndolo más y mejor se incrementa el amor.

Hemos escuchado aquello de “no es necesario andar estudiando tanto… mejor es hacer el bien a la gente… la fe no necesita de tanto libro… Hasta se expresa un cierto desprecio por el estudio y esto suele pasar por varios motivos:

Por pereza. El estudio exige esfuerzo.

Por falta de compromiso profundo. Nos damos cuenta que aprendiendo cosas nuevas de nuestra fe nos llevará a plantearnos cambios que muchas veces no queremos hacer. Ignorar por tanto es cómodo.

Por cierto sentimentalismo, que afirma que las cosas de la fe son más del corazón que de la razón y la inteligencia. Sabemos que los sentimientos pasan y si no hay ideas y convicciones claras no queda mucho. El estudio nos afirma con mayor fuerza en el amor a Dios y al prójimo, da elementos para la oración ferviente y nos mantiene serenos en medio de las pruebas de la fe.

Por el activismo, que valora por sobre todo la acción humana y deja de lado las necesidades del alma.

Por razones ideológicas, también se suele despreciar el estudio de la fe. La “acción que transformaría el mundo, dicen, es lo único importante y útil para el mundo”.

León XIII en su encíclica Sapientiae christianae (La sabiduría cristiana) “ante la multitud de los errores modernos, el deber primordial de los católicos lo constituye el velar sobre sí mismos y tratar por todos los medios de conservar intacta su fe, evitando cuanto pueda mancillarla y disponiéndose para defenderla contra los sofismas de los incrédulos. A este fin creemos contribuirá grandemente que cada cual, según se lo permitan sus medios y su inteligencia, se esfuerce en alcanzar el más perfecto conocimiento posible de aquellas verdades religiosas que es dado al hombre abarcar con su entendimiento.”

El Papa Pio X ya decía a comienzos de siglo que la plaga de la ignorancia religiosa es lo que corroe el fundamento de la fe en los pueblos.

La Biblia enseña que la ignorancia de las cosas de Dios es el peor de los males.

¿De dónde viene que “la mentira y la maldición, el homicidio y el robo, el adulterio lo inunden todo; y que una maldad alcanza a otra, sino de que no hay ciencia de Dios sobre la tierra?” (Oseas, 4, 1).

Dios mismo se queja diciendo: “Mi pueblo perece por falta de conocimiento. Porque tú has rechazado el conocimiento, yo te rechazaré de mi sacerdocio; porque has olvidado la instrucción de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.” (Oseas, 4, 6).

Nuestro Señor Jesucristo les dijo a sus discípulos: “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”. (Mateo 28, 19-20).

Respecto de esto nos dice San Pio X: “¿cómo conservarán lo que mandó Cristo si no lo conocen?  ¿Cómo lo conocerán realmente si los jóvenes quedan con unas nociones adquiridas para la primera comunión y que rápidamente se olvidan o se hacen confusas en su mente? Para evitar esa plaga de la ignorancia, la Iglesia en su Magisterio, insiste muchos sobre la comunicación fiel y completa de la Doctrina de Cristo claramente presentada en el Catecismo  tradicional.” 

“Si es cosa vana esperar cosecha en tierra que no se ha sembrado, ¿cómo pueden esperarse generaciones  adornadas de buenas obras si oportunamente no han sido instruidas en la doctrina cristiana? De donde justamente inferimos que sí, la fe languidece en nuestros días a punto de que en muchos sujetos parece casi muerta, es que se ha cumplido descuidadamente, o se ha omitido del todo, la obligación de enseñar las verdades contenidas en el catecismo.”

“afírmanos que la mayor parte de los condenados a las penas eternas padece su perpetua desgracia por ignorar los misterios de la fe, que necesariamente se deben de saber y creer para ser contados entre los elegidos”

“cuán grandes son los estragos que produce en las almas la sola ignorancia de las cosas divinas… no dejéis, de procurar, ante todas las cosas, con todo empeño, con todo el celo, con toda la solicitud de que sois capaces, que el conocimiento de la Doctrina Cristiana llegue a todos los fieles y se inculque profundamente en sus almas” (An 22).

Y Santa Teresa nos dice algo muy importante: “Porque quien más conoce a Dios, más fácil se le hacen sus obras”.

También debemos recordar que tenemos la grave obligación de estudiar y conocer nuestra fe y las enseñanzas de la Iglesia en la medida de nuestras capacidades. Es decir, por ejemplo, si yo tengo un título de una especialidad universitaria, como cristiano estoy obligado a estudiar la fe y las enseñanzas de la Iglesia católica al menos con la misma profundidad y dedicación con que he estudiado la ciencia, ya que esta capacidad de estudio es un don de Dios y debemos ponerlo a su servicio.

Por otro lado, el hombre busca naturalmente la verdad. Está obligado a honrarla y atestiguarla: “Todos los hombres, conforme a su dignidad, por ser personas […], se ven impulsados, por su misma naturaleza, a buscar la verdad y, además, tienen la obligación moral de hacerlo, sobre todo con respecto a la verdad religiosa. Están obligados también a adherirse a la verdad una vez que la han conocido y a ordenar toda su vida según sus exigencias” (Cat. 2467)

En Jesucristo la verdad de Dios se manifestó en plenitud. “Lleno de gracia y de verdad” (Jn 1, 14), él es la “luz del mundo” (Jn 8, 12), la Verdad (cf Jn 14, 6) El discípulo de Jesús, “permanece en su palabra”, para conocer “la verdad que hace libre” (cf Jn 8, 31-32) y que santifica (cf Jn 17, 17). Seguir a Jesús es vivir del “Espíritu de verdad” (Jn 14, 17) que el Padre envía en su nombre (cf Jn 14, 26) y que conduce “a la verdad completa” (Jn 16, 13). Jesús enseña a sus discípulos el amor incondicional de la verdad: «Sea vuestro lenguaje: “sí, sí”; “no, no”» (Mt 5, 37). (Cat 2466)

La verdad enseñada por Jesucristo se encuentra por un lado en la tradición apostólica, que es la que viene de los apóstoles y transmite lo que éstos recibieron de las enseñanzas y del ejemplo de Jesús y lo que aprendieron por el Espíritu Santo. Por otro lado, en el Magisterio de la Iglesia Católica al cual ha sido confiado el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo y es asistido por el Espíritu Santo, estos son los obispos en comunión con el Papa.

Por lo pronto alguien podría decir mejor no conocer porque la ignorancia me hace inocente, es decir podre decir, ¡ah yo no lo sabía!

Vale aclarar que uno no puede excusarse en la ignorancia teniendo los medios para salir de ella. Por ejemplo en el caso de una falta contra los mandamientos, la ignorancia afectada (cuando se mantiene la ignorancia por voluntad propia teniendo los medios para salir de ella) y el endurecimiento del corazón (cf. Mc 3, 5-6; Lc 16, 19-31) no disminuyen, sino aumentan, el carácter voluntario del pecado. (Cat. 1858/1859).

Dios nos ha creado libre y a su vez nos ha dotado de voluntad, por lo cual el salir de la ignorancia es un acto voluntario, es decir yo decido buscar la verdad o morir y condenarme en mi ignorancia. Si lo que buscamos es nuestra salvación el salir de la ignorancia y buscar la verdad en Cristo Jesús es una necesidad y una obligación.

Entonces en todo momento nos abocaremos al estudio del contenido de la fe que enseña nuestra Iglesia Católica, por lo que tenemos la garantía que ahí se encuentra la verdad.

Entonces ponemos el estudio como fundamento de nuestro movimiento:

  • Porque el conocimiento de Dios aumenta y nos afirma con mayor fuerza en el amor a Él y al prójimo.
  • Porque nos da elementos para la oración ferviente y nos mantiene serenos en medio de las pruebas de la fe.
  • Porque Jesucristo nos envía a enseñar lo que él ha enseñado y para enseñarlo primero hay que conocerlo.
  • Porque Jesucristo nos exhorta a vivir en la verdad y para vivir en la verdad hay que conocerla.
  • Porque tenemos la obligación de conocer la verdad para no ser engañados por falsos profetas y en nuestra ignorancia caer en la condenación.
  • Porque cuanto más conocemos a Dios más avanzamos en el camino hacia la santidad.
  • Porque la razón y la capacidad de conocer es un don de Dios y esto nos obliga en primera instancia a conocer las verdades de la fe de acuerdo a esta capacidad y ponerla al servicio de la salvación de nuestra alma en primer lugar y de las las almas próximas luego.

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