Fundamentos

Oracion – Formacion – Accion

A través de las sucesivas reuniones nos esforzaremos en mantener un equilibrio entre Oración-Formación-Acción sin descuidar ninguna de las tres. A continuación, detallaremos porque son importante estos tres ejes para nuestras comunidades.

Importancia de la oración

¿Porque ponemos la oración como fundamento de nuestro movimiento?
Escribía el apóstol San Pablo a su discípulo Timoteo: Ante todo, te recomiendo que se hagan peticiones, oraciones, súplicas y acciones de gracias… (1 Tim 2, 1)
Y nos dice Jesucristo: “Sin mí nada podéis hacer”. (Jn 15,5). Es decir, sin el socorro de la divina gracia no podemos hacer bien alguno.
La oración es la elevación del alma y del corazón a Dios, para adorarle, darle gracias, pedir perdón por nuestros pecados y pedirle lo que necesitamos.
Nos dice San Agustín: “es el único camino para adquirir la ciencia de los santos, como claramente lo escribía el apóstol Santiago: Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría pídasela a Dios, que a todos la da copiosamente y le será otorgada.”
“según la providencia ordinaria de Dios, ningún cristiano puede salvarse sin encomendarse a Dios pidiéndole las gracias necesarias para su salvación.”
“Quiere el Señor concedernos sus gracias, pero sólo las da a aquel que se las pide. “Pedid y se os dará…” (Mt 7, 7)
“Llamase también a la oración alimento del alma porque si es verdad que sin alimento no puede sostenerse la vida del cuerpo, no lo es menos que sin oración no puede el alma conservar la vida de la gracia”
Nos dice Santo Tomas:
Después del Bautismo le es necesaria al hombre continua oración, pues si es verdad que por el bautismo se borran todos los pecados, no lo es menos que queda la inclinación desordenada al pecado en las entrañas del alma y que por fuera el mundo y el demonio nos persiguen a todas horas.”
“el Señor ha ordenado que las gracias que desde toda la eternidad ha determinado concedernos nos las ha de dar sólo por medio de la oración.”
Nos dice San Juan Crisóstomo:
“A la manera que la lluvia es necesaria a las plantas para desarrollarse y no morir, así nos es necesaria la oración para lograr la vida eterna”
“Así como el cuerpo no puede vivir sin alma, de la misma manera el alma sin oración está muerta y corrompida Dice que está corrompida y que despide hedor de tumba, porque aquel que deja de rezar bien pronto queda corrompido por multitud de pecados. “
Sin la gracia de Dios no podemos resistir a muchos y poderosos enemigos… Y como esta gracia sólo se da a los que rezan, por tanto, sin oración no hay salvación.
Entonces ponemos la oración como fundamento de nuestras comunidades porque:
  • Es el vínculo vital con nuestro creador y único medio por el cual Él nos da las gracias y auxilios divinos para progresar en nuestro camino de santidad y poder alcanzar la vida eterna.

Importancia de la Formación en la fe católica

¿Porque ponemos la formación y el estudio de la fe católica como fundamento de nuestro movimiento?
¿Cómo amaríamos aquello que no conocemos? Amor y conocimiento van de la mano y crecen juntos. El verdadero amor a Dios arrastra por su naturaleza misma a conocer más de Dios y conociéndolo más y mejor se incrementa el amor.
Hemos escuchado aquello de “no es necesario andar estudiando tanto… mejor es hacer el bien a la gente… la fe no necesita de tanto libro… Hasta se expresa un cierto desprecio por el estudio y esto suele pasar por varios motivos:
Por pereza. El estudio exige esfuerzo.
Por falta de compromiso profundo. Nos damos cuenta que aprendiendo cosas nuevas de nuestra fe nos llevará a plantearnos cambios que muchas veces no queremos hacer. Ignorar por tanto es cómodo.
Por cierto sentimentalismo, que afirma que las cosas de la fe son más del corazón que de la razón y la inteligencia. Sabemos que los sentimientos pasan y si no hay ideas y convicciones claras no queda mucho. El estudio nos afirma con mayor fuerza en el amor a Dios y al prójimo, da elementos para la oración ferviente y nos mantiene serenos en medio de las pruebas de la fe.
Por el activismo, que valora por sobre todo la acción humana y deja de lado las necesidades del alma.
Por razones ideológicas, también se suele despreciar el estudio de la fe. La “acción que transformaría el mundo, dicen, es lo único importante y útil para el mundo”.
León XIII en su encíclica Sapientiae christianae (La sabiduría cristiana) “ante la multitud de los errores modernos, el deber primordial de los católicos lo constituye el velar sobre sí mismos y tratar por todos los medios de conservar intacta su fe, evitando cuanto pueda mancillarla y disponiéndose para defenderla contra los sofismas de los incrédulos. A este fin creemos contribuirá grandemente que cada cual, según se lo permitan sus medios y su inteligencia, se esfuerce en alcanzar el más perfecto conocimiento posible de aquellas verdades religiosas que es dado al hombre abarcar con su entendimiento.”
El Papa Pio X ya decía a comienzos de siglo que la plaga de la ignorancia religiosa es lo que corroe el fundamento de la fe en los pueblos.
La Biblia enseña que la ignorancia de las cosas de Dios es el peor de los males.
¿De dónde viene que “la mentira y la maldición, el homicidio y el robo, el adulterio lo inunden todo; y que una maldad alcanza a otra, sino de que no hay ciencia de Dios sobre la tierra?” (Oseas, 4, 1).
Dios mismo se queja diciendo: “Mi pueblo perece por falta de conocimiento. Porque tú has rechazado el conocimiento, yo te rechazaré de mi sacerdocio; porque has olvidado la instrucción de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.” (Oseas, 4, 6).
Nuestro Señor Jesucristo les dijo a sus discípulos: “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo”. (Mateo 28, 19-20).
Respecto de esto nos dice San Pio X: “¿cómo conservarán lo que mandó Cristo si no lo conocen?  ¿Cómo lo conocerán realmente si los jóvenes quedan con unas nociones adquiridas para la primera comunión y que rápidamente se olvidan o se hacen confusas en su mente? Para evitar esa plaga de la ignorancia, la Iglesia en su Magisterio, insiste muchos sobre la comunicación fiel y completa de la Doctrina de Cristo claramente presentada en el Catecismo  tradicional.” 
“Si es cosa vana esperar cosecha en tierra que no se ha sembrado, ¿cómo pueden esperarse generaciones  adornadas de buenas obras si oportunamente no han sido instruidas en la doctrina cristiana? De donde justamente inferimos que sí, la fe languidece en nuestros días a punto de que en muchos sujetos parece casi muerta, es que se ha cumplido descuidadamente, o se ha omitido del todo, la obligación de enseñar las verdades contenidas en el catecismo.”
“afírmanos que la mayor parte de los condenados a las penas eternas padece su perpetua desgracia por ignorar los misterios de la fe, que necesariamente se deben de saber y creer para ser contados entre los elegidos”
“cuán grandes son los estragos que produce en las almas la sola ignorancia de las cosas divinas… no dejéis, de procurar, ante todas las cosas, con todo empeño, con todo el celo, con toda la solicitud de que sois capaces, que el conocimiento de la Doctrina Cristiana llegue a todos los fieles y se inculque profundamente en sus almas” (An 22).
Y Santa Teresa nos dice algo muy importante: “Porque quien más conoce a Dios, más fácil se le hacen sus obras”.
También debemos recordar que tenemos la grave obligación de estudiar y conocer nuestra fe y las enseñanzas de la Iglesia en la medida de nuestras capacidades. Es decir, por ejemplo, si yo tengo un título de una especialidad universitaria, como cristiano estoy obligado a estudiar la fe y las enseñanzas de la Iglesia católica al menos con la misma profundidad y dedicación con que he estudiado la ciencia, ya que esta capacidad de estudio es un don de Dios y debemos ponerlo a su servicio.
Por otro lado, el hombre busca naturalmente la verdad. Está obligado a honrarla y atestiguarla: “Todos los hombres, conforme a su dignidad, por ser personas […], se ven impulsados, por su misma naturaleza, a buscar la verdad y, además, tienen la obligación moral de hacerlo, sobre todo con respecto a la verdad religiosa. Están obligados también a adherirse a la verdad una vez que la han conocido y a ordenar toda su vida según sus exigencias” (Cat. 2467)
En Jesucristo la verdad de Dios se manifestó en plenitud. “Lleno de gracia y de verdad” (Jn 1, 14), él es la “luz del mundo” (Jn 8, 12), la Verdad (cf Jn 14, 6) El discípulo de Jesús, “permanece en su palabra”, para conocer “la verdad que hace libre” (cf Jn 8, 31-32) y que santifica (cf Jn 17, 17). Seguir a Jesús es vivir del “Espíritu de verdad” (Jn 14, 17) que el Padre envía en su nombre (cf Jn 14, 26) y que conduce “a la verdad completa” (Jn 16, 13). Jesús enseña a sus discípulos el amor incondicional de la verdad: «Sea vuestro lenguaje: “sí, sí”; “no, no”» (Mt 5, 37). (Cat 2466)
La verdad enseñada por Jesucristo se encuentra por un lado en la tradición apostólica, que es la que viene de los apóstoles y transmite lo que éstos recibieron de las enseñanzas y del ejemplo de Jesús y lo que aprendieron por el Espíritu Santo. Por otro lado, en el Magisterio de la Iglesia Católica al cual ha sido confiado el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo y es asistido por el Espíritu Santo, estos son los obispos en comunión con el Papa.
Por lo pronto alguien podría decir mejor no conocer porque la ignorancia me hace inocente, es decir podre decir, ¡ah yo no lo sabía!
Vale aclarar que uno no puede excusarse en la ignorancia teniendo los medios para salir de ella. Por ejemplo en el caso de una falta contra los mandamientos, la ignorancia afectada (cuando se mantiene la ignorancia por voluntad propia teniendo los medios para salir de ella) y el endurecimiento del corazón (cf. Mc 3, 5-6; Lc 16, 19-31) no disminuyen, sino aumentan, el carácter voluntario del pecado. (Cat. 1858/1859).
Dios nos ha creado libre y a su vez nos ha dotado de voluntad, por lo cual el salir de la ignorancia es un acto voluntario, es decir yo decido buscar la verdad o morir y condenarme en mi ignorancia. Si lo que buscamos es nuestra salvación el salir de la ignorancia y buscar la verdad en Cristo Jesús es una necesidad y una obligación.
Entonces en todo momento nos abocaremos al estudio del contenido de la fe que enseña nuestra Iglesia Católica, por lo que tenemos la garantía que ahí se encuentra la verdad.
Entonces ponemos el estudio como fundamento de nuestro movimiento:
  • Porque el conocimiento de Dios aumenta y nos afirma con mayor fuerza en el amor a Él y al prójimo.
  • Porque nos da elementos para la oración ferviente y nos mantiene serenos en medio de las pruebas de la fe.
  • Porque Jesucristo nos envía a enseñar lo que él ha enseñado y para enseñarlo primero hay que conocerlo.
  • Porque Jesucristo nos exhorta a vivir en la verdad y para vivir en la verdad hay que conocerla.
  • Porque tenemos la obligación de conocer la verdad para no ser engañados por falsos profetas y en nuestra ignorancia caer en la condenación.
  • Porque cuanto más conocemos a Dios más avanzamos en el camino hacia la santidad.
  • Porque la razón y la capacidad de conocer es un don de Dios y esto nos obliga en primera instancia a conocer las verdades de la fe de acuerdo a esta capacidad y ponerla al servicio de la salvación de nuestra alma en primer lugar y de las las almas próximas luego.

Importancia de la Acción y las Obras de caridad

¿Porque ponemos la acción y las obras de caridad como fundamento de nuestro movimiento?

Nos dice Pedro en su primera carta: “Sobre todo, ámense profundamente los unos a los otros, porque el amor cubre todos los pecados. Practiquen la hospitalidad, sin quejarse. Pongan al servicio de los demás los dones que han recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.”

También nos dice Santiago: “Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta. Sin embargo, alguien puede objetar: «Uno tiene la fe y otro, las obras». A ese habría que responderle: «Muéstrame, si puedes, tu fe sin las obras. Yo, en cambio, por medio de las obras, te demostraré mi fe”. (Santiago 2, 17-18)

La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios. (Cat. 1822).

«Dios es caridad, y el que permanece en la caridad permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4, 16). Y Dios difundió su caridad en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que se nos ha dado (cf. Rm 5, 5)

En esta virtud se encuentran la esencia y el núcleo del cristianismo, es el centro de la predicación de Cristo y es el mandato más importante. No se puede vivir la moral cristiana haciendo a un lado a la caridad. “Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado.” (Jn 15; 12).

Es la virtud por excelencia porque su objeto es el mismo Dios y el motivo del amor al prójimo es el mismo amor a Dios. El amor al prójimo es parte de la virtud de la caridad que nos hace buscar el bien de los demás por amor a Dios.

La Caridad es la única virtud teologal que permanecerá siempre con nosotros, aún en el cielo, recién viendo a Dios cara a cara alcanzará su plenitud.

La caridad es poseer en nosotros el amor de Dios. Es amar como Dios ama, con su intensidad y con sus características.

Santo Tomas nos dice que Cristo nos dio una ley abreviada, que puede ser conocida por todos y de cuya observancia nadie se pueda excusar por ignorancia. Esta es la ley de la caridad y de la gracia. Debemos saber que esta ley de la caridad debe ser la regla de todos los actos humanos, por lo tanto, para que los actos humanos sean buenos es menester que concuerden con esta ley de la caridad.

Como hemos dicho la oración y la formación o el estudio aumentan nuestro amor a Dios. Este amor a Dios, si es verdadero, se traduce en la práctica en amor al prójimo a través de acciones u obras de caridad y misericordia.

Estas obras como dice San Pedro no solo cubren multitud de pecados, sino que dan sentido y fundamento a nuestra fe y nos generan los méritos para alcanzar la felicidad eterna.

En este punto debemos aclarar que las obras de caridad generan los méritos siempre y cuando nos encontremos en estado de gracia y de esto hablaremos constantemente.

¿Por qué las obras son meritorias solo si estamos en gracia? Porque el estado de gracia es la vida del alma, cuando pecamos gravemente se rompe el vínculo vital con Dios y el alma comienza a morir por eso Jesucristo diría:

” Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde. (Jn 15, 1-6).

El pecado mortal se llama así porque es la muerte del alma, en el sacramento de la reconciliación Dios misericordioso nos resucita, resucita nuestra alma y se reestablece ese vínculo vital para que el sarmiento unido otra vez a la vid vuelva a dar frutos. Los frutos son las obras de caridad, por eso, aunque nuestras obras sean buenas sin el estado de gracia no tienen méritos y por lo tanto no son obras de caridad.

Los actos de caridad, aunque en la práctica se realizan al prójimo deben ir dirigidos a Dios. Muchas veces por no tener en cuenta el carácter esencialmente teológico (sobrenatural), se llama caridad a lo que no es, como por ejemplo al amor natural, la filantropía o la mera beneficencia natural.

La caridad debe ser universal, es decir, se debe practicar tanto con creyentes como como no creyentes o personas de otras religiones, justas e injustas, amigo y enemigos y con toda la creación, por el simple motivo de que todos somos creaturas de Dios y todo es creación de Dios.

Pero yo les digo: Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos? (Mt 5. 44-46). Un ejemplo de esto es la parábola del buen samaritano. (Lc 10, 30-37)

San Gregorio Magno nos dice: Mas ninguno, por el mero hecho de amar a su prójimo, piense ya tener caridad, sino que primero debe examinar la fuerza misma de su amor. Pues si alguno ama a los demás, pero no los ama por Dios, no tiene caridad, aunque piense que la tiene. Es caridad verdadera cuando se ama al amigo en Dios y al enemigo en Dios.

En conclusión, practicaremos la oración y nos formaremos en la fe católica para aumentar nuestro amor a Dios y por este amor a Dios nos encontraremos realizando obras de caridad en el prójimo que nos harán meritorios de la vida eterna la cual anhelamos y para la que fuimos creados por Dios.

Entonces ponemos la acción y las obras de caridad como fundamento de nuestro movimiento:

  • Porque es un mandato divino, “amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”.
  • Porque las obras de caridad cubren multitud de pecados y nos genera los méritos para merecer la vida eterna.
  • Porque no se puede vivir la moral cristiana sin caridad.

Además de la oración, la formación y la caridad también son fundamentos de nuestro movimiento: La vida en gracia – Los Sacramentos como auxilio para la vida en gracia – La celebración de la Santa Misa – La adoración eucarística

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