Las Bienaventuranzas – Introducción

LAS BIENAVENTURANZAS EN GENERAL

VIVIR COMO EL HIJO ‑ VIVIR COMO HIJOS

 

En Julio del 2002 Juan Pablo II entregó las Bienaventuranzas a los jóvenes en Toronto, diciéndoles:  “LasBienaventuranzas son la Carta Magna del Cristianismo…

“Hemos vuelto a ver, con los ojos del corazón, – les decía el Papa a los jóvenes -la escena de entonces. Una multitud de personas se agolpa en torno a Jesús en la montaña: hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, sanos y enfermos, llegados de Galilea, pero también de Jerusalén, de Judea, de las ciudades de la Decápolis, de Tiro y Sidón. Todos están a la espera de una palabra, de un gesto que les dé consuelo y esperanza.

“Reunidos en torno a la cruz del Señor, contemplémoslo a él: Jesús no se limitó a proclamar las Bienaventuranzas; también las vivió. Al repasar su vida, releyendo el Evangelio, quedamos admirados; el más pobre de los pobres, el ser más manso entre los humildes, la persona de corazón más puro y misericordioso es precisamente él, Jesús. Las Bienaventuranzas no son más que la descripción de un rostro: su Rostro

Al mismo tiempo, las Bienaventuranzas describen al cristiano: son el retrato del discípulo de Jesús, la fotografía del hombre que ha acogido el reino de Dios y quiere sintonizar su vida con las exigencias del Evangelio. A este hombre Jesús se dirige llamándolo “bienaventurado”.

“La alegría que las Bienaventuranzas prometen es la alegría misma de Jesús: una alegría buscada y encontrada en la obediencia al Padre y en la entrega a los hermanos”.

“También nosotros nos hallamos reunidos aquí, esta tarde, para ponernos a la escucha del Señor.  [S.S. Juan Pablo II, Jornada Mundial de la Juventud, Toronto Exhibition Palace Adress 25 Julio 2002]

 

INTRODUCCIÓN

“El Sermón de la Montaña es el retrato más fiel de Jesucristo que podamos tener  y, en consecuencia, es el modelo de vida más exacto que él mismo nos haya propuesto” 

“Y también nos revela lo rasgos que el Espíritu Santo quiere reproducir en nosotros, a fin de modelarnos y configurarnos con la imagen y semejanza del Hijo de Dios” (S. Pinckaers, En busca de la felicidad, p. 28)

“El Sermón de la Montaña propone un programa de vida,  vivida en la fe en el Hijo de Dios y en un espíritu filial ante el Padre celestial” (L. Sabourin, l’Évangile s. St. Matthieu.. p. 55)

1)  En el Sermón de la Montaña Jesús es el Maestro que 1) nos enseña 2) a todos 3) con el ejemplo de su vida y con sus palabras 4) a vivir como Hijos de Dios y 5) nos comunica las promesas del Padre. —-  Viviendo como Él vivió, los que quieran ser sus discípulos aprenderán de él a vivir como Hijos de Dios. De ese modo, el Padre cumplirá en ellos sus promesas, como antes las cumplió con Jesús. No es otra cosa lo que Jesús tiene para enseñarnos: vino a enseñarnos con su ejemplo y su palabra a vivir como Hijos de Dios. No vino a traer doctrinas esotéricas, sino esta única y divina sabiduría. Y esta sabiduría y vida divina de hijos, se ofrece a todos los hombres.

2)  La doctrina de Jesús no es diversa de su vida. Es su vida misma convertida en contenido de su enseñanza. Por eso, no hay mejor comentario para las palabras de la enseñanza de Jesús, cuando no entendamos lo que quiere decir, que observar su propia vida. Por ejemplo, si queremos saber qué significa “poner la otra mejilla” (Mt 5,39; Lc 6,29) tenemos que contemplar a Jesús en su Pasión, respondiendo al siervo del pontífice que acaba de golpearlo en el rostro: “si he hablado mal prueba en qué; y si no, ¿por qué me pegas?” (Juan 18, 23). Jesús pone la otra mejilla exponiéndose a un castigo mayor al pedir explicaciones. Lejos de una actitud de cobardía y achicamiento, Jesús muestra así su valentía, su coraje.

3) Querido hermano, te invito a subir conmigo al Monte de las Bienaventuranzas para escuchar de la boca de Jesucristo en persona lo que nadie más que él pudo enseñar a la Humanidad.

 

EXORDIO DEL SERMÓN DE LA MONTAÑA

4)  Las Bienaventuranzas son el exordio, el comienzo del Sermón de la Montaña. Y, como todo exordio, apuntan a cautivar la atención y a disponer para recibir lo que se va a decir.

5) Por eso cada una de las Bienaventuranzas comienza con una promesa de felicidad y sigue con un enigma. Todas ellas comienzan prometiendo felicidad, que es lo que todo hombre desea más ardientemente. E inmediatamente intrigan con un enigma, lo cual también sirve a la finalidad de cautivar la atención despertando la curiosidad. Mueven a reconocer humildemente la propia ignorancia… a preguntarse y a preguntar.

6) De modo que habiendo despertado primero el deseo, se cautiva también la inteligencia poniéndola a cavilar… y a darse humildemente por  vencida…  y a preguntar lo que no se entiende… como los niños. Pues si no nos hacemos como ellos ante el Padre, nos quedamos afuera del paraíso filial.

7) Para comprender el alcance y el significado de las Bienaventuranzas (Mateo 5, 1‑12), el mejor camino es ver cómo las vivió Jesús y cómo se cumplieron en él lo que prometen La respuesta a estas ocho divinas “adivinanzas” con las que empieza Jesús su primer gran sermón sobre la Montaña es Jesús mismo, su vida, su corazón de Hijo. Del pozo de sí mismo sacará el agua de una sabiduría divina para calmar la sedienta horfandad de la humanidad sin Padre. Es una agua clara que, a veces, la multitud de los intérpretes ha vuelto turbia.

 

¿Ideales imposibles?  

No: promesas más que mandamientos

8)  Las Bienaventuranzas: son promesas del Padre a los que vivan como hijos. A los que vivan como Jesús, el Padre les promete lo mismo que dio a Jesús Por eso ‑decíamos‑ para comprenderlas hay que ver cómo las vivió Jesús y cómo el Padre le cumplió las promesas:

“El que quiera ser mi discípulo niéguese a sí mismo cargue su cruz y sígame…

quien pierda su vida por mí y por el evangelio, ese la salvará” [Marcos 9, 34‑35] “Quien quisiere venir conmigo ha de trabajar conmigo,porque siguiéndome en la pena también me siga en la gloria” [San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales No. 95]

9)  De hecho, las Bienaventuranzas se oponen punto por punto a las normas de vida y a la jerarquía de valores corrientes. 1) A nuestro apetito de riquezas oponen la pobreza; 2) a nuestros instintos de fuerza, de violencia y de dominación de los demás, oponen la mansedumbre; 3) a nuestra hambre de autoafirmación y a nuestra sed de disfrutar, oponen el hambre y sed de justicia; y no de cualquier justicia, sino de la que supera la de los escribas y fariseos, es decir, la justicia de los hijos de Dios; 4) a nuestra dureza de corazón, oponen la misericordia de Jesús y del Padre; 5) a nuestra susceptibilidad e inclinación al conflicto, oponen el espíritu de paz; 6) a nuestra vanidad y a nuestra dependencia de la opinión ajena, oponen la libertad de los hijos, que no buscan su propia gloria sino la del Padre.

10)  ¿Nos predica el Sermón de la Montaña una moral inaplicable en lo concreto? ¿Nos sitúa ante un ideal imposible? Parecería que en las Bienaventuranzas, Jesús se complaciera en poner la felicidad y la bienaventuranza en todo lo que nos repugna y nos asusta.

11) Lo que pasa es que vivir como hijos de Dios Padre es algo distinto que el modo de vivir del hombre natural y aún de los judíos piadosos. El hombre natural se inclina a poner la felicidad en el bienestar. Los escribas y fariseos en la guarda de los mandamientos. Lo que Jesús describe es un modo de vivir que, o bien se recibe de manos del Padre o es, en verdad, inalcanzable. Nadie puede alcanzarlo por sí mismo. Sería como darse el ser a sí mismo, sin intervención de un padre. La bienaventuranzas revelan que la felicidad no consiste en el bienestar sino en el amor de hijos al Padre y en recibirlo todo del Padre viviendo en su amor.

12) El Sermón de la Montaña sería una moral inaplicable y un ideal imposible si solamente nos ofreciera una ley como las demás: un texto, un código de conducta, una serie de mandamientos. Pero las Bienaventuranzas son principalmente promesas de la acción del Espíritu santo en el corazón del hombre. Lo que tienen que hacer los que aspiran a vivir como hijos, es, antes que nada, creer en las promesas del Padre, cumplidas en Jesús y que Jesús nos hace en la Bienaventuranzas. Las Bienaventuranzas contienen las promesas y la revelación de lo que el Espíritu Santo quiere llevar a cabo en nuestras vidas, si nos prestamos a su acción por la fe y la caridad: hacernos vivir como Hijos del Padre. Para los hombres es imposible, pero para Dios todo es posible.

13) La palabra de Jesús es cierta y verdadera. Firme como la roca en la que se ha sentado. El cielo y la tierra pasarán, pero su palabra, que los creó, no pasará. Este hombre tiene palabras de vida. Jamás ningún hombre habló como él. En sus labios nadie encontró engaño ni dolo. Vale la pena escuchar su palabra y ponerla en práctica.

14) Este es, pues, el comienzo del primer gran sermón de Jesús. Dicho sin parlantes ni grabadores. Me lo imagino allí, sentado sobre ese desnivel de la roca pelada. Sin almohadones. Deseoso de enseñar a los hombres verdades salvadoras de las que están tan necesitados, lo sepan o no.

15) No nos cansamos de repetirlo: Lo que Jesús viene a enseñar es lo que él vivió: a vivir como hijos, porque él vivió como Hijo. Es el Hijo eterno, hecho hombre. Vive en su humanidad lo mismo que en su divinidad. En la tierra vivió de cara al Padre tal y como vive en el seno de la Trinidad. Si como Verbo eterno es el eternamente engendrado por el Padre, en una generación sin principio ni fin. Como hombre también se experimenta así, engendrado. Sostenido en el ser de su naturaleza creada y glorificada y configurado a imagen y semejanza perfectísima del Padre. El que es eternamente Dios que se recibe de Dios, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre, es, como hombre, también hombre que se recibe y es asemejado. Recibe el ser del Padre a cada momento, siempre y para siempre, el ser y la creciente semejanza.

16) Eso es lo que nos quiere enseñar. A vivir recibiéndonos del Padre como un don de su amor. ¿Qué tienes que no lo hayas recibido de Él? Siempre estamos en su presencia como niños que deben recibirlo todo. Si no nos hacemos como niños ante Él, no entramos en el Reino de los Cielos. Es decir no somos hijos, no tenemos comunión de vida con el Padre. Nos quedamos afuera del regocijo de su amor paterno. Ser hijo es tener un “ser” recibido como don de amor, que te hace imagen y te asemeja progresivamente al Padre. Si quisiéramos hacernos a nosotros mismos, darnos el ser, asemejarnos más a Él por propia obra y esfuerzo, nos pondríamos a hacer ejercicio ilegal de la divinidad. Estamos hechos para aceptar y acoger libre y gozosamente el ser que recibimos del Padre. Y no hay felicidad mayor.

 

PARA REFLEXIONAR

1) ¿Crees realmente que Jesús enseña el camino de la felicidad verdadera? ¿O buscas la felicidad según las recetas del mundo: en el bienestar, el éxito profesional, el dinero, la fama, etc.? ¿Crees que las bienaventuranzas son utopías o ideales irrealizables?

2) ¿Crees en el poder divino que es capaz de actuar en ti si vives de acuerdo a tu bautismo y eres fiel a las renuncias bautismales?

 

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