Sobre la doctrina “Fuera de la Iglesia Católica no hay salvación” II

 

22 de noviembre de 2018:

Estimado Padre Horacio gracias por su repuesta y por tan valiosa información. Insisto con que este intercambio es de mucho provecho para nosotros. 

Disculpe que insista con el tema del dogma “fuera de la iglesia católica no hay salvación”, aunque su repuesta ha sido muy clara quiero plantearle algunas dudas concretas sobre el tema porque queremos nosotros estar lo más claro posible en este tema central ya que vemos que la confusión es muy grande con las consecuencias que esto implica.

Hoy en nuestro país se ha generalizado y muchos sacerdotes y obispos predican mucho el tema de la salvación por la vía extraordinaria, como por ejemplo la vía caritatis, la recta conciencia y otras derivaciones extravagantes. Es como que hay un cierto temor o una prudencia excesiva a decir que las personas que no están en comunión con la iglesia católica están en riesgo concreto de perder la salvación de su alma. En realidad, cuando uno consulta un poco más profundamente no encuentro mucho fundamento teológico para estas afirmaciones sobre la vía extraordinaria.

Hace poco tiempo hablando de este tema con un sacerdote amigo (no progresista) quien acaba de llegar a una nueva parroquia bastante venida a menos, a cercar de tantas almas alrededor que viven como si Dios no existiera, o si creen que existe “al menos por ahora no es un tema de importancia” y que se encentran en gran riesgo de perder la salvación de su alma ya que no estando en comunión con la iglesia y participando de los sacramentos con las debidas disposiciones, entiendo que la doctrina católica dice que la sentencia del juicio final no les sería favorable. Es decir, si muere en pecado mortal habrá decidido su propia condenación eterna.

La repuesta de este amigo fue que habría que ver en cada situación, si a esta persona en cuestión le ha llegado el evangelio o no y del grado de ignorancia que la persona tiene. Y aquí entramos en el tema de la ignorancia invencible….

A esto mi repuesta desde la “lógica” fue que, si estas personas al menos han terminado la escuela primaria, saben leer y escribir, viven en sociedad, manejan aparatos electrónicos como teléfonos celulares, etc., si además viven en un radio de 20 cuadras del santuario más importante del país, en un país evangelizado, católico, con varias parroquias e iglesias en la ciudad y sumando a esto la certeza de que Dios siempre llama, no sé de qué ignorancia invencible podemos hablar.

En concreto, de acuerdo con la doctrina católica que dice que “fuera de la iglesia católica no hay salvación”, ¿podemos afirmar que, si esta gente de la cual hablaba con el sacerdote persevera en su estado, no se convierte y entra en comunión con la iglesia, está en riesgo concreto de perderse la salvación?

¿Esto es aplicable a los evangelistas, testigos de Jehová y demás sectas?

Que nos puede decir de esta doctrina de “la salvación extraordinaria” tan difundida actualmente, ¿Cuándo, dónde y a quien seria aplicable?

Se me ocurre que poner en duda, deformar o callar este dogma trae consecuencias desbastadoras para la iglesia y sus fieles ya que se relativiza la vía ordinaria para alcanzar la salvación.

¿Qué relación tendría esto con la falta de misiones evangelizadoras a los lugares que aún no ha llegado el evangelio (ad-gentes) actualmente?, ¿Con el avance de las sectas en países católicos?, ¿Con la secularización de sociedades que han sido fervientemente católicas?

Entiendo también que hay una íntima relación entre este dogma y el pasaje del evangelio de Juan 6, 51-58,  Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente…. Entonces, la relativización de este dogma en consecuencia ¿no lleva también a relativizar estas palabras de Cristo?, ¿Como alcanzara entonces la santidad un alma, de manera ordinaria, si no come el cuerpo de Cristo que es el que santifica y convierte nuestro ser?, ¿Cómo se puede avanzar en el camino de santidad si no se está unido íntimamente a quien realiza la obra de la santificación?

Pareciera que el celo de los primeros cristianos por la evangelización, pasando por un San Francisco Javier, los franciscanos o jesuitas que se entregaron a la evangelización de América o las misiones francesas en África por poner algunos ejemplos está totalmente impregnado por este dogma, sino ¿Qué sentido tendrían semejantes empresas si Dios los va a salvar igual?

¿Cómo hemos llegado a esta realidad de relativizar un dogma de fe tan central para la salvación de las almas?

Padre le pido por caridad que me corrija si he incurrido en algún error y desde ya muchas gracias en nombre de las Comunidades Católicas San Pablo Apóstol.

Espero su repuesta. Le envío un saludo en Cristo Jesús. AMGD.

 

Repuesta del Padre Horacio

 

Querido Carlos:

Quizás no fui claro en mi anterior repuesta. Ante todo hay que definir y tener bien claro de qué se habla cuando se dice “salvación” o “salud”. No es una especie de indefinida situación de bienestar después de muerto. Consiste en estar en una relación interpersonal de amistad filial paterna con Dios Padre e inter-fraterna con Cristo el Primogénito, ahora y que continúa después porque es una relación con personas divinas que contagian eternidad en vinculación de amor. Eso es el cielo ya aquí, desde ya y si no se está en esa relación ahora, después de muerto no se entablan amistades nuevas. Y eso es lo que te perdiste, o sea la perdición. Quedaste afuera de ese vínculo de amor para siempre. Sobre el cómo quedaste no hay revelación ulterior. Pero al que no le importa lo que te perdiste ¿para qué pregunta sobre cómo quedás cuando no amaste? Creo que ese planteo ya es de condenados que no entienden lo que es salvación ni perdición porque no están en la relación de amor.

No sé en qué consisten esas enseñanzas sobre la via caritatis. La única que conozco es la que describí anteriormente. Y no hay otra caridad que la virtud teologal antes aludida.

La caridad es precisamente amor de amistad con Dios (Santo Tomás, Summa Theologica 2a 2a Cuestiòn 24 art. 2). Y en esa misma amistad consiste la “justificación” que no es otra cosa que ser alguien agradable a Dios, como hijo, amigo, etc. Y el amor pide presencia y la eternidad es estar presente a Dios y ´´El a nosotros. 

No puede haber amistad entre dos que no se conocen ni se tratan. Parece mentira que un teólogo afamado y tenido por inteligente como Karl Rahner pueda haber hablado de cristianos anónimos. Es tan absurdo como hablar de amigos desconocidos entre sí.

Por el contrario, intentar que también otros entren en ese vínculo de conocimiento y amor es impulso espontáneo de quienes Lo conocen y Lo tratan. La perdición, consiste en perderse eso. Y la salvación, es salvarse de quedarse afuera de eso.

Me da la impresión que esa concepción de “la salvación como una especie de eternidad de bienestar y sin sufrimientos” es lo que procuran los que no tienen la verdadera noción de lo que es la salvación como vinculación con Dios por las tres virtudes teologales: “Fe, caridad y esperanza”. Conocimiento, amor y deseo.

A la Iglesia no le toca saber qué pasa con los incrédulos después de muertos (1ª Corintios 5, 12-13: No es asunto mío juzgar a los que están fuera de la Iglesia. Ustedes juzguen a los que están dentro; porque a los de afuera los juzga Dios. Expulsen al perverso de en medio de ustedes). El concilio de Trento cita este texto de San Pablo para afirmar: “La Iglesia sobre nadie ejerce juicio que no haya antes entrado en ella misma por el bautismo”.

¿Y entonces los bautizados que no viven como tales? Aparte de que esa es una pregunta que sólo sirve de coartada para despreocuparse de la misión y el apostolado, Su perdición no es otra cosa que “lo que se pierden”: ¡conocer a Dios, amarlo y desearlo y ser divinizados por Él!

Sólo piden “más, y para todos”, los que no consideran suficiente QUE ESO ES LA SALVACIÓN Y QUE PERDÉRSELO ES LA PERDICIÓN. 

Y empiezan a cavilar sobre lo que no se sabe, ni Dios reveló, ni quiso revelar, qué sea lo que hace Él con esas almas “frustradas”. Eternamente almas humanas sin divinizar.

Y esos tales empiezan a usurpar el oficio de jueces y a sustituirse a Dios y a querer dictaminar sobre lo que Dios se reserva. Enanos a los que no les basta el tesoro que tienen (?) y no andan deseosos de comunicarlo y contagiar su fe y su amor a los bien dispuestos. No. Ellos tratan de averiguar qué pasa con los que cierran las puertas. 

Carlos: Yo tendría que darte todo un curso de teología para aclararte todas esas dudas, ignorancias y preguntas para enfrentarte con los errores esos que no sé en qué consisten.

Lo que te puedo aconsejar es que te consigas un libro que se conoce como “Denzinger – Schönmetzer” Magisterio de la Iglesia. Hay una buena edición antigua (las más recientes están retocadas) en Editorial Herder, de 1955. Ahí tienes excelentes índices temáticos y alfabético. 

También te puedes guiar por el Catecismo de la Iglesia católica. Pero el Catecismo no te ofrece los textos de los padres, concilios y papas en orden a la vez cronológico con índices que remiten a los temas.

Por ahora es lo que puedo hacer. Porque esas tres doctrinas que mentas no las conozco y no sé en qué consisten. Sé que con apariencia de sana misericordia con los que no creen (y el mundo que no quiere creer y es la gran puerta cerrada) pero en realidad por un secreto miedo a quedar fuera del mundo y ser perseguidos, quieren que se salven todos sin necesidad de tener que predicarles. Pero eso es ofensivo a Cristo salvador y a  los discípulos. ¿Para qué se hizo hombre y murió en la cruz para revelarse como hijo obediente hasta la muerte?

Abrazo. Padre Horacio.

 

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