Sobre la doctrina “Fuera de la Iglesia Católica no hay salvación” III

 

26 de noviembre de 2018

Querido Padre Horacio, su explicación anterior había sido muy clara, por ahí yo quería tener mayores argumentos para contestar a estas doctrinas extravagantes que tiene que ver con lo que describe usted a lo último.

Con esta última explicación me queda muy claro. Tendremos que explicar, comprender e interiorizar más profundamente el concepto de salvación y perdición, esto me parece absolutamente central. Y la verdad que no me lo habían explicado o al menos yo no lo había comprendido de esta manera. Esta explicación suya pone mucha claridad al tema y comprendiendo esto no tiene sentido seguir dándole vueltas a un tema que se plantea como algo complicado, pero si se comprende este concepto central no lo es tanto, ponerlo en práctica es otra historia.

De hecho, leyendo su explicación pude comprender una cierta pena que siento por haberme perdido tanto tiempo de esta amistad con Dios, amistad que hoy puedo experimentar con gozo.

De nuevo Padre muchas gracias por el tiempo y dedicación que se toma en estas explicaciones, son de mucho provecho y así gratis como las recibimos trataremos con la gracia de Dios de trasmitirlas de la misma manera.

Un abrazo. Carlos. AMGD

 

Repuesta del Padre Horacio

Querido Carlos:

Me alegro de que por fin logré mejorar mi primer intento de exponer el contenido de justicia, justificación, salvación, etc.

Esos conceptos están explicados en mis libros sobre el Sermón de la Montaña, Las Bienaventuranzas, El Padre Nuestro, Vivir de cara al Padre y Salió el Sembrador a sembrar-se.

Me sorprendió un poco que volvieras a preguntarme sobre lo que me parecía tan claramente explicado en el anterior a tu repregunta. Pero no me arrepiento de haber intentado reproponerlo.

Cuando esos objetantes no entienden la explicación de los conceptos fundamentales (o no quieren entenderlos) el único remedio es repetírselos. Son claros y sencillos como el agua. Y si no los quieren entender, entonces es ¡obligado! (porque el Señor lo manda) desistir de golpear esas puerta e irse en paz sacudiendo hasta el polvo de los pies. Porque lo único que hacen  es impedir que sigamos nuestro camino. ¿Sería ese el  error que estabas cometíendo pidiéndome más argumentos contra puertas cerradas, o nuevas razones para los que no entienden (no quieren o no pueden por ser ciegos) entender lo que en el evangelio está claro como el  agua y (al decir de Juan de Maldonado) “la multitud de los intérpretes lo enturbia”.

Un abrazo. Padre Horacio.

Respuesta de Carlos al Padre Horacio

Buen día Padre Horacio. Su primera explicación fue muy clara, como ud. dice mi error es querer abrir puertas a la fuerza, sus palabras me dan una gran claridad, me ordenan y en este sentido me quitan una gran carga, estas cosas distraen, nos llevan mucha energía y como ud. aclara nos impiden seguir nuestro camino. Reflexionando sobre esto veo que en general, en la iglesia actual estamos continuamente bombardeados con esta idea de llevar el evangelio a todos y a como dé lugar, lo que implica un gran riesgo de descuidar nuestro propio progreso. Que importante es conocer y comprender en profundidad y rectamente el contenido del mensaje de Cristo y las sagradas escrituras. Sin duda tendré que leer toda su obra como ud. me lo propone, empresa que ya he comenzado.

 

Repuesta del Padre Horacio

Querido Carlos:

No te imaginas la alegría que me da este párrafo tuyo con que empezabas tu último mail:

Su primera explicación fue muy clara, como ud. dice mi error es querer abrir puertas a la fuerza, sus palabras me dan una gran claridad, me ordenan y en este sentido me quitan una gran carga, estas cosas distraen, nos llevan mucha energía y como ud. aclara nos impiden seguir nuestro camino. Reflexionando sobre esto veo que en general, en la iglesia actual estamos continuamente bombardeados con esta idea de llevar el evangelio a todos y a como dé lugar, lo que implica un gran riesgo de descuidar nuestro propio progreso. Que importante es conocer y comprender en profundidad y rectamente el contenido del mensaje de Cristo y las sagradas escrituras.  

Efectivamente, el enemigo nos engaña en nuestros propios buenos deseos “sugiriéndonos correr sin discreción, sin escuchar todos los consejos del Señor”. Verte libre de ese engaño tan dañoso es para mí mi mejor recompensa. No perder tiempo con los que no quieren escuchar. O peor aún, con los que quieren falsificar el evangelio sembrando cizaña de malas interpretaciones en las Escrituras.

Un abrazo. Padre Horacio.

 

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