Sobre los nuevos movimientos en la Iglesia Católica

 

Luján 14 de noviembre de 2018

Buenas tardes Padre, espero que se encuentre bien. Quería hacerle una consulta a ver si me puede ayudar con esto y disculpe de antemano si soy extenso.

Leyendo su libro “Mujer ¿porque lloras?” habla ud. de la acedia por los “nuevos movimientos” dentro de la iglesia. Este es un tema que me toca de cerca y me ha hecho reflexionar, así que en mi caso se podría confirmar que su libro ya ha dado algún fruto.

Le comento brevemente por qué. Mi conversión, de grande (de niño-joven fui ferviente católico, pero luego perdí la fe), fue en un cursillo de cristiandad. Pero una vez una vez comenzado a transitar el camino de crecimiento en la fe comencé a formarme en lo religioso. Dios me ha dado la gracia del gusto por el estudio y la lectura, antes pasaba horas leyendo temas de ciencia, ahora dedico ese tiempo y energía a conocer nuestra fe y en lo posible trasmitir ese conocimiento. Esto me llevo a ver varios errores y desviaciones dentro del movimiento que al exponerlas no fueron de mucho agrado de los dirigentes al punto que diplomáticamente o no tanto, fui dejado de lado como un paria dentro del rebaño. Es esto lo que me llevo a formar las Comunidades Católicas San Pablo Apóstol, pero esa es otra historia.

En este proceso me fui generando una idea negativa de este tipo de movimientos, pero en mi interior había algo que me decía que esa idea negativa no estaba bien. Leyendo el libro pude discernir y comprender que es lo que no estaba bien en mis ideas y que podría ser una forma de acedia que me ha llevado a cerrarme en esa idea sin poder diferenciar las cosas positivas del movimiento de los desvíos y errores, cayendo muchas veces en los típicos pensamientos equivocados como que “lo que hacemos nosotros es mejor”, “ellos y nosotros”, etc.

En nuestra zona hay 3 movimientos de mucho auge y que llevan mucha gente, el movimiento de Cursillos de Cristiandad (el cual conozco bien), el movimiento Emaús (por lo que se es similar, pero no lo conozco en profundidad) y la Renovación Carismática.

Algunas de las desviaciones más importantes que yo he encontrado en estos movimientos son las siguientes:

1 – No son parroquiales, es decir no trabajan ni tienen pertenecía a la comunidad parroquial. Trabajan para el movimiento y toda su actividad se centra en el movimiento, hasta hay un desprecio por la parroquia.

Se piensa que toda la voluntad de Dios y el mayor bien que se puede hacer es llevar a otra persona a un retiro.

2- Cierta tendencia sectaria-protestante (creo tiene mucha relación con el punto 1). No se llaman católicos, sino que primero son “cursillistas”, “carismáticos”, etc. Entiendo que hay mucha ignorancia en esto. Se tiene un cierto menosprecio por lo que no es el movimiento. Quieren llevar a las demás personas a los retiros a como dé lugar, con tácticas tipo protestante.

3- Sentimentalismo. La fe basada en lo que se siente y en ciertos casos hasta una cierta forma de fideísmo. Se promueve continuamente la emoción y lo sensible por encima de todo con el riesgo y las consecuencias que esto implica.

4- Desprecio y rechazo por la formación personal en los principios básicos de la fe, se hace una religión “a medida” o “a mi gusto” donde lo que importa es lo que uno siente y mientras que se permanezca en el movimiento está todo bien. En consecuencia, la poca formación que a veces hay es deforme. En este clima de ignorancia religiosa se pueden escuchar disparates y aberraciones religiosas de todo tipo.

En los casos que yo conozco todo esto es abalado y promovido por sacerdotes generalmente de gran carisma que si no son herejes coquetean continuamente con la herejía.

Debo aclarar que a mi parecer la mayoría de la gente lo hace con buena intención, pero la buena intención es condición necesaria pero no suficiente.

También he leído su informe sobre “proceso de prostentantización del catolicismo” y encuentro varias similitudes prácticas en estos movimientos, sobre todo en lo referido a la liturgia.

Imagínese que en lo que se refiere a los cursillos de cristiandad, en mi caso ha sido para mí un bien infinito, y he aquí mi contradicción. Algo que para mí ha sido infinitamente provechoso a otros puede generarles un enorme daño por las desviaciones y errores mencionados.

Estos movimientos llevan aquí mucha cantidad de gente y tengo varios amigos y conocidos que hasta me esquivan para no tener que hablar de religión conmigo porque por supuesto están convencidos que la mía es una posición ortodoxa, cerrada y errónea, todo esto además incentivado por un espíritu herético que desciende desde la jerarquía la iglesia, al menos en mi diócesis y otras de alrededor.

Tratándose de un tema tan importante que atañe al destino eterno de mi alma y de las almas, y ver tanta gente de buena voluntad y con tanta necesidad de Dios llevadas a estas desviaciones y errores, esta situación me genera una gran pena e impotencia. Las cuestiones que se me ocurren, y es aquí donde necesitaría su asistencia, son las siguientes: ¿Cómo lidiar con esto?, ¿Hay algo que se pueda hacer?, ¿Hay que hacer algo?, ¿Debo hacer algo?, ¿Me corresponde hacer algo? ¿Cómo tratar este tema?

Por caridad corríjame si estoy en algún error. Desde ya muchas gracias.

Carlos Larroque.

AMGD. Viva Cristo Rey y María Santísima

 

 

Respuesta del Padre Horacio

Querido Carlos:

Me parece que la respuesta a tu pregunta, nacida de tu inquietud, hay que buscarla en el dicho de Jesús “y el que no está contra nosotros, está con nosotros” (Mc 9, 40), en que Jesús aplica una normativa al caso que le plantean los discípulos previamente.

Mientras esos movimientos aceptan estar en la pertenencia a la Iglesia, no están contra Cristo y su Cuerpo místico. En la medida en que, como los protestantes y evangélicos, están contra la Iglesia católica, se le aplica otro dicho: “El que no está conmigo está contra mí y el que no recoge conmigo desparrama” (Mateo 12, 30).

Pero es claro que esos movimientos pueden funcionar como un zaguán de entrada y salida si no son atendidos pastoralmente por sacerdotes y obispos, sino librados a liderazgos internos que se cancerizan y dictadorizan, que segregan conciencia gregaria y antagónica con el cuerpo eclesial. (El movimiento se comporta como una grey o rebaño bajo algún líder que la guía como un pastor y se apodera de ellos como una majada apartándolos de la libertad dentro de la Iglesia que actúa por los sacramentos y nada más.)

Ahí yo aplicaría los principios de discernimiento de la primera carta de Juan capítulo 2, 18-19:  Hijos míos, ha llegado la última hora. Ustedes oyeron decir que vendría el Anticristo; en realidad, ya han aparecido muchos anticristos, y por eso sabemos que ha llegado la última hora. Ellos salieron de entre nosotros, sin embargo, no eran de los nuestros. Si lo hubieran sido, habrían permanecido con nosotros. Pero debía ponerse de manifiesto que no todos son de los nuestros.

Esto es como un broche que cierra o un lazo que junta en un solo ramo varios “el que dice pero”. Define el discurso sectario, apóstata, protestante que se va por creerse mejor, o está dentro sintiéndose al fin, pero al fin se va.

A este propósito dice san Pablo que es necesario que haya herejías para que quede de manifiesto quiénes son los fieles: Sin embargo, es preciso que se formen partidos entre ustedes, para se pongan de manifiesto los que tienen verdadera virtud. Cuando se reúnen, lo que menos hacen es comer la Cena del Señor. (1 Cor 11, 19-20)

Herejía viene del griego Hairein, que quiere decir elegir (cortar, separar). Este verbo se usa en primera acepción para cortar la fruta, para recogerla o vendimiarla. Pero esto implica o lleva conjuntamente una cierta acción de elegir, separar, seleccionar. Los herejes se ven como “selectos”, pero en realidad están “separándose” en la medida en que empiezan a acusar a los otros, “el que dice que ama a Dios, pero odia a su hermano” (1 Juan 4,20) como hacen todos los que se van de la Iglesia.

Todo esto tiene un complemento muy importante en la parábola del trigo y la cizaña. (Mt 13, 24-52)

Parecería que el Señor nos enseña a que querer remediar estos males no sólo es imposible sino perjudicial. Que hay que dejar que el apóstata anónimo que está en la comunidad (sin pertenecer espiritualmente a ella por caridad verdadera y pura) madure su apostasía hasta que el Señor provoque su salida. “Salieron de entre nosotros para que quedara de manifiesto que no eran de los nuestros… esto sucedió para quedara de manifiesto que no todos (los que están entre nosotros) son de los nuestros” (1 Juan 2,19)

Juan en su segunda carta, enseña también lo que hay que hacer con el que viene como los mormones o los testigos de Jehová o los evangélicos misionando: Todo el que se aventura más allá de la doctrina de Cristo y no permanece en ella, no está unido a Dios. En cambio, el que permanece en su doctrina está unido al Padre y también al Hijo. Si alguien se presenta ante ustedes y no trae esta misma doctrina, no lo reciban en su casa ni lo saluden. Porque el que lo saluda se hace cómplice de sus malas obras. (2 Juan 9-11)

Si te queda algo por preguntar, te responderé con gusto.

Quedamos juntos en el vínculo de la Paz con el gran nosotros divino humano eclesial.

Padre Horacio.

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